La atracción entre insectos, herramienta frente a las plagas

La atracción de algunas especies por los individuos del sexo opuesto puede convertirse en su perdición, y a su vez en la salvación de sus potenciales víctimas. La investigadora ovetense Carolina Gómez Díaz trabaja en el control de plagas y enfermedades derivadas de la acción de los insectos a base de indagar sobre las feromonas, una suerte de «especias» (moléculas en realidad) que los organismos producen para conseguir atraer o rechazar a otros miembros de su misma especie, o incluso de otras.

Doctorada en el grupo de Neurogenética de la Universidad de Oviedo, Gómez Díaz trabaja actualmente en el Centro de Genómica Integrativa de Lausana (Suiza). Un laboratorio dirigido por Richard Benton, «un investigador joven con un gran prestigio internacional en el campo de la neurogenética», según la científica.

En su empeño por desarrollar técnicas para actuar sobre plagas en cultivos y sobre insectos que transmiten enfermedades -caso del mosquito de la malaria-, Gómez Díaz y su equipo tratan de «ahondar en el conocimiento de cómo un insecto detecta las feromonas», sustancias químicas que actúan como señales. El objetivo último consiste en «establecer las bases genéticas y moleculares de la detección de las feromonas». «Para saber lo que un insecto siente en contacto con un olor determinado, utilizamos como especie modelo la mosca de la fruta, la “Drosophila melanogaster”, que permite «utilizar herramientas genéticas muy avanzadas y modificar la actividad de las células nerviosas para averiguar cuál es su función». De este modo, la científica invierte su tiempo de laboratorio «en técnicas de genética molecular y electrofisiología».

Una de las partes de su trabajo se basa en «colocar un electrodo en la antena de la mosca, su “nariz”, y medir con él su actividad eléctrica». Así, al exponerla a un olor, «podemos ver qué neuronas se activan, y dependiendo del tipo y número de ellas, se producirá una u otra reacción en el insecto». La investigadora lo tiene claro: «Si sabemos qué olores perciben, qué partes del cerebro y qué conductas se activan con ellos, podremos controlarlos».

Carolina Gómez Díaz ha publicado recientemente, junto a sus compañeros del Centro de Genómica Integrativa de Lausana, un trabajo que desafía la teoría dominante sobre uno de los mecanismos básicos de la olfacción. «Hasta entonces, lo científicamente aceptado era que estas neuronas olfatorias se activaban a través de un complejo activo formado por la feromona y una proteína de unión a olor llamada LUSH», explica. Pero sus investigaciones han demostrado lo contrario: «Es la feromona en sí, directamente, la que activa la neurona olfatoria», lo que, a juicio de la investigadora, «abre un campo nuevo para proponer modelos paralelos a los que ya existían».

En cuanto a la posible aplicación de estos trabajos al organismo humano, Gómez Díaz aventura una vía: «Averiguar el funcionamiento de la proteína SNMP, esencial para la detección de feromonas en insectos, nos puede ayudar a comprender el funcionamiento de la proteína humana correspondiente». De esta forma, podría servir para «desarrollar fármacos».

En el Centro de Genómica Integrativa de Lausana, la científica ovetense y sus compañeros seguirán trabajando para tratar de aportar nuevos conocimientos, asegura Gómez Díaz, quien destaca el buen ambiente reinante en su laboratorio: «Tienes que aprender a convivir, colaborar, compartir tus habilidades y aprovechar las de los otros». Sin embargo, no todo el monte es orégano. Por ejemplo, le resulta duro vivir alejada de sus seres queridos (su marido, también investigador, trabaja en Alemania).

«Me he adaptado bien, aunque sigo aprendiendo día a día. En la calle tienes que manejar francés, así que es un proceso de superación linguística constante», asegura la investigadora, quien añade: «me encantaría volver a Asturias, pero por el momento no es sencillo».

FUENTE: NUEVA ESPAÑA