Alarma ante una plaga que devora los pinos en un mes

El marchitamiento de estas coníferas ha puesto en jaque a Japón, China y Portugal. En España, la alerta se ha disparado. El 65 % de los pinares está amenazado por un invasor. El peligro radica en cómo controlar los palés de madera sin cerrar fronteras.

Cuando una alerta por plaga se dispara en un país es sólo cuestión de tiempo que acabe traspasando las fronteras. Sobre todo si se trata de un invasor hambriento de madera capaz de acabar con la vida de un árbol en un mes, pues no sólo hay que controlar las masas forestales y el mercado maderero de una o varias especies, sino que hay que ampliar la alerta hacia cualquier tipo de mercancía que utilice palés de madera (ya sea fruta, electrodomésticos o ropa). En definitiva, cerrar fronteras, aumentar al infinito los controles o prohibir los palés de este tipo de material. Si no se toma alguna de estas decisiones, la depredación puede ser inminente. De hecho, ya está aquí.

Un gusano, apoyado por un insecto vector (que los lleva en su boca), recorre, sediento, la península Ibérica. Se trata del Bursaphelenchus xylophilus, un nematodo de entre 0,5 y un milímetro de tamaño causante del marchitamiento de los pinos, como se denomina a la enfermedad.

Nativo de Norteamérica, el gusano devorador de este tipo de coníferas ha sido el causante de los mayores daños maderables en el este asiático. Hoy, tras poner en jaque a Portugal, las masas de coníferas (sólo de los pinos) del resto de la Península pueden correr la misma suerte. Los dispositivos de alerta se han disparado.

Aunque en España sólo se ha detectado un ejemplar arbóreo infectado, localizado concretamente en la Sierra de Dios Padre (en Villanueva de la Sierra, al norte de Cáceres), lo cierto es que, debido a las óptimas condiciones climáticas para que el patógeno se propague –situadas entre los 20 y 25ºC–, «dos tercios de las masas de coníferas del país están amenazadas por el nematodo de la madera del pino, según los estudios hechos en Japón», asegura Salvador Ortega Pascual, ingeniero de Montes y teniente de la Jefatura del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona).

Con el fin de evitarlo a toda costa, «España (tras la recomendación de la UE) está procediendo a la tala de los pinos ubicados en un círculo de tres kilómetros de radio alrededor del foco, el equivalente a unas 2.827 hectáreas en las que, como no todas son forestales ni tienen el mismo número de pies, se estima que en una superficie así pueda haber entre 800.000 y 1.700.000 ejemplares, por ejemplo», explica José María Cobos, subdirector general adjunto de Agricultura Integrada y Sanidad Vegetal, del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino.

 PREVENCIÓN

Pero, si para el subdirector general adjunto de Sanidad Vegetal el cierre de fronteras con Portugal o la prohibición de palés de madera no son opciones a considerar, sí lo es, en cambio, para Corea del Sur, que hace unas semanas anunciaba la prohibición de importar madera o palés de las comunidades autónomas españolas limítrofes con Portugal, y eso que aquí «sólo» se ha detectado un ejemplar, no como en Portugal

«Corea del Sur ha tomado una medida cautelar. No obstante, cabe recordar que España no representa hoy un riesgo, no sabemos si en un futuro, pero en la actualidad no», enfatiza Cobos.

Otro modo, sería llevarlo por el Código Penal y que las infracciones (con multas de 3.000, 12.000 y hasta tres millones de euros, según la gravedad) fueran un delito, algo que según el Seprona están estudiando las Fiscalías de Medio Ambiente, y que Cobos también ve bien para los casos de flagrantes intentos de saltarse la legislación actual, que requiere que lleven un certificado de sanidad vegetal que avale, entre otras cosas, que se le ha dado un tratamiento de calor con el que muere el patógeno (se somete a la madera a una temperatura de 56ºC durante media hora).

¿Y FUMIGAR?

Pero, ¿no se podría fumigar? En algunos países con el fin de evitar la muerte pinos singulares sí se ha hecho, pero, como explica Cobos, vaporizar insecticida cada 10 o 15 días sobre todos los pinares no es bueno para el medio ambiente.

Otra opción es investigar nuevos métodos curativos, aunque para ello, como explica Cobos, tendríamos que ir a Portugal, para saber si es o no efectivo.

Otra posibilidad consiste en reducir las poblaciones del insecto vector, pues es él el que transporta al gusano en su boca (el nematodo infecta los huevos del insecto). Y una vez adulto y «viajero», cuando el vector tiene hambre «muerde las ramas o el hongo azul del tronco de un nuevo árbol y es ahí cuando lo transmite y a acaba al mes con la vida del árbol», detalla Cobos. Aunque se estima que hay una población baja de este insecto, se va a estudiar si es o no así, para lo cual utilizarán trampas con algún químico atrayente. Pero como sucede siempre en la naturaleza, acabar con una especie autóctona, como es el caso del vector (no del nematodo), no es precisamente la mejor opción. «Este insecto cumple su función en el monte, ayuda a descomponer la madera muerta y es bastante escaso», concluye.

«Talar, sólo se puede talar nada más», asegura Pedro Mansilla, de la Estación de Fitopatología do Areeiro, de la Diputación provincial de Pontevedra. Para este ingeniero de Montes, que lleva desde el año 1999 tomando muestras en Galicia (se tardan dos semanas y media en empezar a ver el nematodo en el microscopio y más tiempo si da positivo), reducir la población de insectos vectores no sirve de mucho, pues «pueden surgir otros vectores».

Respecto a la madera talada, si es de la zona de corte se está astillando y acumulando en montones. Y al igual que con la incautada, se está estudiando qué hacer con ella: si quemarla y producir energía, fumigarla para comercializarla como astilla o destruirla por incineración en el monte.

FUENTE: LA RAZÓN