Mascort, el editor que metió a 11.000 aves en 17 tomos, ahora lo hace con los mamíferos

Esta es la historia de un cazador de aves que un buen día decidió que no iba a matar ni una más. No volvería jamás a su casa con sangre en las manos. A partir de ahí se dedicó a observarlas, a admirarlas y a clasificarlas en un papel. Consagraría su vida a un proyecto colosal que, a priori, parecía una locura, pero que se acabó convirtiendo en la segunda obra literaria más internacional de cuantas se han concebido en España después de El Quijote. Una enciclopedia en la que están recogidos todos los pájaros del planeta. Todos.

Ramón Mascort es el impulsor y fundador de Lynx Ediciones. Una editorial que ahora cumple 30 años y lo celebra organizando una exposición de láminas de aves. Es, tal vez, su elemento más icónico. Y es que de Lynx ha salido la que es, sin lugar a dudas, la obra sobre pájaros más completa del mundo. Uno de esos trabajos sin igual, que van ganando valor con el tiempo. El Handbook of the birds of the world. La biblia de ornitólogos, avistadores de pájaros y amantes de la aves en general. Una obra de referencia en las universidades. 17 volúmenes (más dos anexos) en el que se encuentran recogidas, explicadas, fotografiadas e ilustradas, todas las aves del mundo. Todas. Sin excepción. Un total de 11.000. Hasta figuran algunas que ya se han extinguido.

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Un proyecto que pocos creyeron que llegase a culminarse y en el que la editorial invirtió ni más ni menos que 20 largos y laboriosos años. Un objetivo que se consiguió sin un solo céntimo de subvenciones. Lo más sorprendente es que sus responsables, al acabar, en lugar de descansar, optaron por seguir la misma senda y proceder igual con otra rama del reino animal. El pasado mes de octubre concluyeron la gran biblia de los mamíferos del mundo. Sí, también están todos. Y esto no se acaba porque, en boca del propio Mascort, “ahora debatimos para decidir que será lo siguiente. ¿Reptiles? ¿Mariposas?”, desliza en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL.

Torroella de Montgrí es un pequeño pueblo del corazón de la provincia de Girona, con sus calles adoquinadas y estrechas. Dentro de su caso viejo se encuentra una monumental casa de indianos, actualmente convertida en un museo. Desde esta semana y hasta el próximo mes de abril, láminas con ilustraciones de las aves más exóticas del mundo cubren sus paredes. Pero entre sus innumerables pasillos pueden encontrarse las obras de arte más insospechadas. Desde un retablo del siglo XV, hasta un galeón auténtico de un viejo barco pirata. Es la Casa Galibern, uno de los lugares más elegantes y pintorescos de Cataluña, así como la sede de la fundación que preside Ramón Mascort, uno de los personajes más fascinantes de nuestro tiempo.

Abogado y filántropo

Difícil definir a alguien con tantas aristas. Abogado, coleccionista, editor, empresario, filántropo, humanista… Ramón Mascort nació en Torroella en 1930 y es bisnieto de un empresario del pueblo que se fue a probar fortuna a las Américas. La mayor parte de los gerundenses que se marcharon con ese objetivo (que no fueron pocos, especialmente en las zonas de Pals y Begur) desembarcaron en Cuba. El abuelo de Ramon Mascort, en cambio, nadó a contracorriente y se fue a Brasil: “Todavía no he entendido por qué eligió Brasil”, confiesa ahora su bisnieto Ramón. Pero lo cierto es que no le fue mal allí y que volvió a España con un buen patrimonio.

Ramón Mascort se crió en el seno de esa familia de indianos, es hijo de farmacéutico y también emprendió la senda de los negocios. A su trabajo de abogado le sumó la creación de un par de campings en la provincia de Gerona. Y aunque siempre se consideró un amante de la naturaleza, confiesa que “yo cazaba con mi padre. Era algo normal. Él era un respetuoso cazador, de tradición familiar, cuando era una actividad normal que no estaba mal vista. Respetuoso porque me enseñó a amar la naturaleza, a no estropear nada. Cuando mi padre cazaba, con un par de perdices ya estaba bien. Me enseñó que había que respetar los caminos, nidos, los polluelos, no dejar un animal herido… Cazábamos, pero con mucho respeto”, reconoce ahora. Desde pequeño alimentó su pasión por la naturaleza con libros de historia natural. “Cuando sacaba buenas notas podía permitir comprarme algún libro ilustrado sobre fauna, de una editorial suiza”.

Lo que sucedió después en su cabeza para que se produjese el gran click se lo guarda para sí mismo. La cuestión es que pasó. Como San Pablo al caer del caballo, Ramón Mascort decidió, ya en edad adulta, que no iba a pegarle un tiro más a ningún pájaro. “Sucedió cuando ya tenía cierta madurez, que decidí que no volvería más a casa con sangre en las manos”, recuerda. “Si se trata de eliminar a un violador de niñas, no estaré el segundo… estaré el primero. Pero de matar animales, que no me habían hecho ningún daño y son una maravilla, pues pensé que ya basta”.

A partir de ahí empezó a “sentir la necesidad de hacer algo por la naturaleza. Yo he ejercido como abogado toda la vida, como mi mujer. Esto nos ha dado unos conocimientos básicos de la vida. Tenía tiempo, tenía ideas y ganas, y cierto patrimonio que fue invirtiendo en el que se iba a convertir en el proyecto de su vida: la editorial. “Lynx es el producto de la amistad de tres personas que en su infancia, cada uno por separado, desarrolló un gran amor por la naturaleza, y que de grandes nos reunimos para decidir qué podíamos hacer por ella”, resume Ramón Mascort.

“Pregunté si existía una gran historia natural que recogiese todas las aves del mundo y me dijeron que no, que además su extraordinaria y vasta complejidad convertía el proyecto en algo prácticamente imposible. Entonces decidimos que sí, que había que hacerlo. Que iba a ser una gran ayuda para la afición de observar las aves”. Corría el año 1985.

La enciclopedia de las aves

Y ahí llegamos a la observación de aves, una de las actividades más extendidas por aficionados de todo el planeta. Personas que son capaces de cruzarse el mundo para ver un kiwi en Nueva Zelanda o intentar avistar el escurridizo pero majestuoso quetzal de Guatemala. Todo un submundo que cuenta con sus propios concursos, sus premios, su comunidad global y que crece por momentos.

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Mascort explica su historia mientras paseamos por la majestuosa Casa Galibern. La arquitectura y la decoración hace que cada paso sea un viaje a través del tiempo. La riqueza de sus colecciones impresiona. Hay un casco corintio de bronce, de la antigua Grecia, que data del año 650 antes de Cristo; un colgante bizantino del siglo VI o una carta escrita de puño y letra por Fernando el Católico. Lejos de mostrarse ostentoso, Mascort explica el origen de cada pieza con la misma humildad que describe un ave o que recuerda cómo fueron los inicios del proyecto de la enciclopedia.

“Empezamos desde el principio, buscando colaboradores y con el poco dinero que yo podía aportar. Porque yo líquido he tenido poco siempre, pero mi trabajo me proporcionaba unos ahorros que yo invertí en esta obra”. Empezaron clasificando las aves por su taxonomía. Luego buscaron los especialistas que se encargasen de cada rama. Casi todos de origen anglosajón o germánico. Contactarlos era difícil, entendernos con ellos todavía más, hacerles el encargo nosotros, que éramos unos completos desconocidos… Piensa que era una época en la que no había internet. Todo se enviaba por correo ordinario, a veces la dirección no existía…».

Más dificultades: “Todos ellos eran gente magnífica, científicos que habían consagrado su vida a los animales, que vivían en lugares apartados para poder estudiarlos mejor. Pero eso de ceñirse a unos plazos, a tener que entregar el trabajo tal o tal día costaba mucho. Fue un gran sufrimiento tener que convencerlos de que tenían que cumplir porque nosotros teníamos que llevar a la imprenta”, recuerda ahora divertido Mascort.

6.000 fotografías

Una vez tuvieron los textos, tocó ilustrar la obra, que cuenta por igual con fotos y con dibujos exactos de cada especie: “En materia de fotografía buscamos las mejores, las que estuvieran en posturas que más caracterizasen a la especie. Buscamos a los mejores fotógrafos de aves del mundo, que curiosamente viven todos en Australia o Nueva Zelanda. No sé por qué. Tuvimos que seleccionar entre 6.000 fotografías, fue un trabajo arduo, pero fue muy bien”. Y luego tocó llevar a cabo los dibujos: “Han de tener una precisión extraordinaria. No varía ni una pluma, porque los observadores de aves son muy cultos rigurosos en esto y sabíamos que si cometíamos el más mínimo error, enseguida recibiríamos quejas de los especialistas en aves. Cosa que no sucedió y estamos muy contentos por ello”.

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“Sacamos el primer volumen en 1992, tres años después de crear la editorial. Y no teníamos ni idea de cómo iba a funcionar eso”, confiesa Mascort, que explica cómo el proyecto se acabó convirtiendo en una carrera de fondo en la que algunos de los miembros de la expedición se dejaron algo más que algunos ratos muertos: “Mi socio José del Hoyo, que es médico, acabó casi abandonando su carrera, la medicina, para dedicarse enteramente al proyecto”.

El proyecto fue avanzando a paso firme: “Con el tiempo conseguimos un local en Bellaterra, en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) sin que tengamos nada que ver con la universidad. Al final reunimos un equipo de 25 personas, todos con la misma ilusión de acabar un libro que no sabíamos ni cómo iba a funcionar. Contábamos con vender 1.000 unidades de aquel primer volumen, por poner una cifra. Al final se vendieron 19.000 por todo el mundo, señal de que habíamos hecho bien el trabajo.

Así pasaron 20 largos años. Reuniendo en unos bellísimos libros todas las especies de ave del planeta. Las conocidas, las extinguidas y alguna que fue documentada por primera vez para esta obra magna de Lynx. Con los años fueron llegando también los premios y los reconocimientos: “Es una obra que está en todas las universidades y museos de historia natural del mundo. Nos concedieron varios premios importantes. Y el National History Museum de Nueva York tiene su clasificación de las aves tal y como nosotros le elaboramos nosotros en nuestros libros. Esa es la recompensa. Satisfacciones personales me ha dado muchas. Dinero nada. Nada de nada”, ríe.

Proseguimos el paseo por la Casa Galibern y nos vamos deteniendo para examinar algunas de las lámina con las ilustraciones de aves más espectaculares de la exposición que se acaba de inaugurar: “¿Ves este? El Quetzal, de Guatemala. Es una preciosidad, majestuoso, pero muy difícil de avistar”, explica. Pasamos por delante de las láminas de las cacatúas y me llama la atención que una tiene la bandera de España en la cresta y justo la de al lado la tiene de color amarillo, como si de un lazo pro-presos se tratase: “¿Estos dos no se pelean?” pregunto con sorna. Él esboza una media sonrisa y hace un ademán con la mano de que lo deje estar. Opinar de política no es su liga; ni siquiera su deporte. Él es un humanista que optó por venerar a los animales y lo logró con la Editorial Lynx.

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Lo había conseguido. Aquel cazador que un día decidió no matar ni un solo animal más, había completado, junto a un grupo de amigos y colaboradores, el libro sobre aves más importante de la historia. Concluir una obra divulgativa de tamaña magnitud es uno de los esfuerzos más agotadores que nadie se pueda imaginar. Mascort y su equipo podrían haberse dado unas palmaditas en la espalda y haberse echado a descansar tras acabarla. Nada más lejos de la realidad. El resultado había sido tan gratificante, que de inmediato se pusieron a pensar en qué animales centrarían el próximo tratado: “Hablamos de las mariposas, pero tampoco estábamos seguros de que fuesen a tener tanta envergadura como las aves. También pensamos en reptiles y en peces, pero finalmente nos decantamos por los mamíferos”.

Y ya está aquí: Los nueve tomos de Mammals of the world (Mamíferos del mundo) ya están a la venta. “Sacamos el último libro el pasado mes de octubre, está calentito todavía. Son algo más de 6.000 especies, menos que las aves. Y del mismo modo que hicimos con el Handbook de las aves, recoge todos y cada uno de los mamíferos que hay en el planeta”. ¿Ahora sí que se echará a descansar? A sus 89 años, Mascort solamente piensa en la próxima reunión que mantendrá con su equipo, para decidir qué animales van a ser los protagonistas de su próxima obra.

FUENTE: EL ESPAÑOL